martes, 7 de mayo de 2013

El nacimiento de Venus (1484-86)

Parece que se basa en "La Giostra" de Poliziano. Venus nace de los testículos de Urano que cayeron sobre la espuma del mar cuando fue castrado por Saturno. Botticelli, no obstante, suprime cualquier referencia al suceso de la castración y se centra en las estrofas siguientes en las que describe la imagen amable del nacimiento de la diosa. El momento elegido es el inmediatamente posterior al nacimiento: cuando la diosa es arrastrada a la orilla por los vientos, y las flores que arrojan los Céfiros, cual lluvia mística, indica que el cielo ha fecundado el mar. 

En los dos, el lugar central lo ocupa Venus, la diferencia es que en el primero Venus está vestida, por lo tanto representa la Venus Vulgar o el Amor Humano, y en el segundo aparece desnuda, lo cual nos acerca al nacimiento de la Venus Celestial (Amor Divino).

La transición del Nacimiento a La Primavera está marcado en la primera por el manto floreado con el que la propia Hora Primavera viste a la Venus desnuda. Esta imagen suscita la idea del descenso y la vulgarización en el pensamiento neoplatónico, pues las formas y colores que deleitan a nuestra vista no son sino velos que nos ocultan la verdadera belleza celestial pura y desnuda. No por ello debemos entender a la Venus vulgar de La Primavera como una diosa solamente sensual al margen de la celestial. Se trata del Amor Humano y, como tal, al ser racional, tiene la capacidad de ver en la belleza corporal la belleza celestial, ya que la primera no es más que una imagen de la segunda: es la misma belleza divina que ha descendido al mundo natural. Ambas no son incompatibles, sino que se complementan, y ambas son distintas del "Amor Ferinus o Bestial", irracional e infrahumano.


OTRAS APRECIACIONES


Este cuadro constituye su más famosa obra y también una secreta declaración de amor hacia la bella modelo que interpreta a la diosa Venus llegando a la costa: Simonetta Vespucci.
La joven era hija de un noble genovés apellidado Cattaneo. Con tan solo 16 años se casó con el florentino Marco Vespucci, vecino y amigo de Botticelli. Cuando el pintor conoció a la joven, se enamoró instantáneamente de ella y la convirtió en su musa y modelo de multitud de sus cuadros.La belleza de Simonetta pronto se extendió por toda Florencia e incluso los hermanos Giuliano y Lorenzo de Médici, mecenas de Botticelli, intentaron conquistarla en numerosas ocasiones. En 1475, durante la celebración de un torneo de justas, fue proclamada “Reina de la belleza”, lo que hizo que su fama como la mujer más hermosa de Florencia se extendiera por toda Europa.
Apenas un año después, el 26 de abril de 1476, Simonetta Vespucci falleció a causa de la tuberculosis. Apenas contaba con 23 años. El pintor no pudo soportar la pérdida de su amada, y vivió el resto de su vida obsesionado con su belleza, retratándola en muchas de sus obras. Entre ellas destaca el cuadro “Venus y Marte”, en el que los dioses son representados (según especulaciones, claro) por Simonetta y el propio Botticelli.
Casi nueve años después de su muerte, Botticelli finalizó “El nacimiento de Venus”, su mayor homenaje a Simonetta y cuadro que, con el paso de los siglos se convertiría en su obra más representativa.
El pintor, que nunca se casó, falleció en 1510 y fue enterrado a los pies de la tumba de Simonetta, en la Iglesia de Ognissanti, tal y como había expresado en su última voluntad. Quizá fue la única forma que encontró para poder pasar la eternidad junto a la mujer más bella del Renacimiento. Un amor prohibido que marcó la carrera de uno de los grandes pintores del Quatrocentto Italiano.



LA PRIMAVERA (aprox. 1482)

Su iconografía ha sido interpretada de muy diversas maneras; sin embargo es indudable que Botticelli no pretendió mostrar un simple episodio de la mitología clásica, sino expresar algún significado filosófico relacionado con las discusiones y teorías neoplatónicas de Ficino.



Independientemente de su interpretación, las figuras representadas se identifican con Venus en el centro (como la "Humanitas"); a su derecha, "las Tres Gracias" (Castitas, Voluptas y Pulcritud) danzan mientras el ciego Cupido se dispone a lanzar su flecha, y Mercurio aparta unas nubes que pueden amenazar el soleado escenario. A su izquierda, Céfiro, el viento de inicios de marzo, pretende alcanzar a la ninfa Cloris que huye y se transforma en Flora, gracias a la Primavera.

SANDRO BOTTICELLI (FLORENCIA, 1447- 1510)

Su vida y su obra están marcados por Lorenzo de Médicis, "el Magnífico" y el círculo neoplatónico de Pico della Mirandola y Marsilio Ficino. El neoplatonismo constituye la filosofía de una sociedad en crisis, cuando los valores afirmados por el humanismo a principios de siglo y las aspiraciones políticas y culturales afirmados de Florencia se tambalean y desmoronan. Con el neoplatonismo, la historia y la naturaleza se trascienden y se busca lo que está más allá del espacio y del tiempo. Lo que importa es la idea. La belleza ya no se concibe como representación de la realidad, sino como imagen alegórica de la idea.

La pintura de Botticelli se inserta dentro de lo que se ha denominado "la crisis del sistema plástico del Quattrocento", ya que introduce en su obra factores que desestabilizan el modelo antiguo, y que han de interpretarse como producto de la revisión de las pautas artísticas que, hasta la segunda mitad del siglo XV, habían estado vigentes. La búsqueda de soluciones plásticas propias del naturalismo de la primera época del renacimiento florentino -que observamos en la importancia que pintores como Masaccio y Piero della Francesca dieron al volumen de la figura y a la integración de ésta en un espacio racional trazado de acuerdo con las leyes de la perspectiva lineal- dejan de interesar a Botticelli. Efectivamente, su dibujo eléctrico, recorrido por trazos nerviosos, el movimiento que agita todas sus formas -desde la cola de un caballo al galope hasta las cabelleras de sus Venus-, la emotividad y el sentimentalismo que caracterizan sus rostros, sus espacios telones (faltos de perspectiva), etc...son, a un tiempo, expresión del talante del pintor, y también de la melancolía que invade la vida florentina de fin de siglo, cuando se tiene conciencia de la inferioridad política y militar de las viejas repúblicas frente a los nuevos estados que se están configurando en varias naciones europeas, mientras Italia permanece parcelada.


Por otra parte, sus paisajes primaverales y la glorificación del cuerpo humano desnudo culminan los temas del Quattrocento. Botticelli se formó en un taller de orfebrería, entrando posteriormente a trabajar con Fra Filippo Lippi, hasta que en 1470 lo encontramos en Florencia como artista independiente.
De Filippo Lippi, Botticelli tomó el tratamiento lineal de la figura humana, a la que añadió más vigor y fuerza. También los rostros ovalados con amplias frentes, los traviesos ángeles de cabezas doradas en sus tondos y el gusto por las veladuras, por la riqueza cromática (azul junto a dorado, por ejemplo) y por la riqueza y fantasía de los trajes y arquitecturas (mármoles multicolor, techos labrados...). Por último, también de Lippi puede considerarse la obtención de la perspectiva lineal a partir de referencias arquitectónicas.

En los años setenta comienza también su relación con los Médicis, a los que hace numerosos retratos, bien integrados en obras generales, bien retratos propiamente dichos, encargados por los propios interesados. A partir de esta relación, el intelectualismo y el idealismo neoplatónico de personajes del círculo mediceo, como Marsilio Ficino, penetraron profundamente en el pensamiento y la obra de nuestro artista, que pasará a desarrollar un arte profano, una pintura básicamente mitológica y de contenido moralizante.

Para la vida de Castello, propiedad de Lorenzo de Pierfrancesco, sobrino de Lorenzo el Magnífico, realiza tres cuadros singulares: "La Primavera", "El nacimiento de Venus" y "Palas y el Centauro". En estos cuadros, el estilo de Botticelli alcanza su madurez, caracterizado por la delicadeza y elegancia de las figuras, la transparencia de las luces, sin apenas sombras, la suavidad del modelado y los sutiles ritmos conseguidos con manos, cuerpos y velos.



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